jueves, 24 de mayo de 2007

Lo que logra un trabajo

La idea salvadora

Tenía la solución al alcance de sus manos y finalmente la halló. Las dificultades con su mujer parecían no tener salida y detestaba el local donde es empleado. Sin embargo, con un objeto de allí arregló sus problemas.

Omar tiene 53 años, el pelo teñido de negro furioso, un arito en su oreja izquierda y una remera posmoderna con la cara de Alberto Olmedo. Tras su look transgresor, se esconde un hombre que ha estado disgustado con su trabajo y que ha sufrido por amor.
Trabaja en un local de venta y canje de películas porno. Un sofá reciclado fucsia domina la amplia sala, a unos metros hay una lámpara con forma de mujer, y un par de juguetes sexuales de audaz diseño cuelgan de una tanza enganchada del pie de un maniquí desnudo suspendido del techo y pintado con aerosol rojo. En vista del entorno, la vida de Omar parecería no ser color de rosa. Y al principio realmente no lo era, especialmente porque no tenía la más pálida idea de lo que hacía ahí.
"Cuando la empresa me contrató, en principio fue para técnico de videojuegos y yo dije 'uh, qué copado, buenísimo' y agarré al toque. Pero, claro, nunca me dijeron que a los dos meses me iban a poner como vendedor en este local", asegura Omar.
Los primeros días sentía que las horas no pasaban. La misma escena se repetía una y otra vez, como calcada: un cliente entraba y miraba a su alrededor con curiosidad todas las películas y se acercaba a Omar, abría la boca un par de veces, preguntaba "¿Y, esta película, de qué se trata?, ¿cuál es su favorita?". Él, sin la menor idea, le decía el nombre de la más llevada. "A pesar de ser tan mal vendedor, desde que estoy acá vendí y canjeé millones de películas porque la mayoría de los clientes saben lo que quieren, están en el tema", explica.
Omar ha sufrido mucho, al principio por su trabajo y luego por la relación con su esposa, a quien no le agradó nada el empleo de su esposo. "Igualmente mi matrimonio estaba casi terminado para ese momento", asegura Omar. Ya no tenían una relación, hasta dormían en camas separadas. "El sexo era una anécdota", confiesa.
"Era una pesadilla. Cada mañana me levantaba con la esperanza de que los problemas con mi esposa desaparecieran, de que ella me quisiera de nuevo o al menos que aceptara mi trabajo, pero nada", resume.
Todo empezó a cambiar cuando, un día, se le ocurrió llevar una película a su casa. Al principio, la mujer se negó a verla, pero luego entre risas y mimos, Omar la convenció. Poco después ambos descubrieron que la película fue la motivación que necesitaban para volver a tener una vida sexual. "Ahora tengo sexo como un pibe de 20", revela Omar.
Por ahora cree que su tarea es permanecer allí, conservando su puesto, hasta que consiga otro trabajo. "Aunque en realidad no estoy seguro de querer irme, después de todo este trabajo salvó mi matrimonio. Además ya me acostumbre al local y a la gente. Y hasta consumo películas", agrega riéndose.

Brenda Mailén Gil Gorrías

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