domingo, 21 de marzo de 2010

Un paseo ideal para los domingos

Mimos, artistas plásticos, malabaristas, músicos, intérpretes vestidos de "guapos" que acompañados por una guitarra o un bandoneón, cantan tangos de Carlos Gardel. Parejas de baile que deslumbran a los visitantes al compás de una milonga, identifican y definen al barrio de La Boca.
La gente es laboriosa, de vida humilde, sencilla, afectuosa y apasionada. Los habitantes de este barrio siempre han sido divertidos, ruidosos y a su vez meláncolicos. Eran muy trabajadores y fraternales, al punto que formaron parte de varias instituciones de apoyo comunitario. Además, editaron diarios, fundaron clubes deportivos y culturales.
Prueba de esa gran sensibilidad para el arte es que en este lugar han nacido músicos como Juan de Dios Filiberto, Pedro Polito y el cantante Guillermo Galve, quienes hoy ocupan lugares relevantes en la preferencia popular.
Si bien es pequeño, es el más pintoresco de todos los barrios, por su historia y su belleza. Durante un paseo por La Boca, se pueden observar los puestos de venta de artículos típicos como mates y bombillas, ceniceros, llamadores de ángeles y esculturas inspiradas en los bailarines de tango. Además, se venden cuadros con ilustraciones referidas a la vida del puerto o al paisaje que ofrece el barrio, con sus casas pintadas de colores furiosos.
Las características casas de madera y chapa, le brindan al barrio particularidad. La Boca es, sin lugar a dudas, un lugar con personalidad, en parte por su peculiar arquitectura.
El Rincón de Lucía es un tradicional y típico conventillo de La Boca. Fue construido en 1876, convirtiéndose en uno de los más populares del barrio. Su restauración guarda las estructuras originales. Tiene un estilo propio, es un lugar lleno de esencia y contiene en su interior un importante paseo de compras. Además, tiene sus puertas abiertas al turismo porque sus visitantes pueden adquirir un gran recuerdo o fotografiarse junto a familiares y amigos.
También se puede contemplar a los bailarines profesionales de tango y hasta bailar -si se anima- una pieza con ellos.
En la calle Garibaldi que está dividida por una vía de trenes durante tres cuadras, se puede ver la genuina edificación del barrio con casas hechas de chapa y pintadas de varios colores alegres como verde, amarillo, rojo, celeste, naranja y azul. Caminando una cuadra se llega hasta la calle más importante y popular, Caminito.
Es tan pequeña, como particular. El paseo peatonal sirve como centro de exposiciones para numerosos vendedores, entre ellos Jorge Visnovezky, que exhibe piezas de cerámica decoradas a mano con la temática de paisajes de Buenos Aires, figuras de tango fileteadas a todo color y diseños de la cultura indígena argentina.
A la vez funciona como un museo al aire libre, con todo tipo de murales, cerámicas y distintos adornos que muestra los vestigios de un "caminito" que recorría un ramal de ferrocarril. Por ahí transitaba a diario Juan de Dios Filiberto. El nombre de esta calle fue elegido por su amigo y genio de la pintura Benito Quinquela Martín.
El museo "Benito Quinquela Martín" es uno de los íconos más importantes de La Boca. Alberga cuadros como "Mañana de niebla", "Reflejos", "Noche de luna", "Reposo del Hércules", "Día luminoso", "Incendio en La Boca", "Fogatas de San Juan", "A pleno sol", "Elevación", "Incendio del San Blas", "Día de trabajo" y "Fuente Barracas" junto con el dormitorio y los recuerdos de la vida de Quinquela dedicada al arte y a La Boca. En las salas se exponen pinturas de Cañás, Lococo, Frexas, Lamella, Faggioli, Castagnino, Forner, Alice, Victorica, Berni, Spilimbergo, Sivori, Bernaldo de Quirós, Fader y tantos otros. También hay una cabeza de Quinquela realizada por Luis Perlotti; el Heliolentigrabado, de Andrés Lucífero y la sala de Mascarones "Américo Bonetti", con mascarones de proa de goletas, balandras, vapores y buques famosos.
Este barrio también acuña la pasión de los fanáticos por el fútbol, ya que sobre la calle Brandsen a la altura del cruce con Del Valle Iberlucea , se levanta el mítico estadio de Boca Juniors, uno de los clubes más importantes del país. Con una estructura en forma de herradura, con tres bandejas superpuestas y un empinado ángulo de inclinación, el estadio "Alberto Jacinto Armando" tiene capacidad para 57.395 espectadores. Fue fundado en 1940 como "Coliseo de La Boca" y rebautizado como "La Bombonera".
Los escasos metros que separan el campo de juego de las tribunas permiten una notable proximidad entre los espectadores y el partido. A pocos metros del estadio, funciona el Museo de la Pasión Boquense, que guarda objetos históricos como una pelota que fue utilizada el 15 de noviembre de 1964. Y con ella, Eugenio Callá marcó el único tanto del partido para ganarle a Independiente, un cuadro del plantel de Boca Juniors de 1931 y una bandera confeccionada en la década del 30 y que ingresó a la cancha el día de la inauguración de la Bombonera de la mano de fundadores y ex jugadores del club, entre otros recuerdos.
El museo ha dedicado un espacio especial, una maqueta gigante que reproduce las casas más típicas de principios del siglo XX. Juegos de iluminación y sonido dan vida a los vecinos que a través de ventanas y balcones, comentan el nacimiento del club en el barrio.
El símbolo que más representa lo que es el barrio es la rambla que bordea el Riachuelo, desde donde pueden observarse viejos barcos abandonados. Donde en 1907, jugadores de Boca Juniors decidieron que los colores de su club serían los del primer barco que ingresara a la dársena. Un barco azul y amarillo hizo su entrada y esos colores fueron elegidos para la insignia.
De veredas antiguas y calles de adoquines, la Boca es un barrio coqueto, lleno de matices y colores, con un Riachuelo inconfundible y una personalidad muy definida que marca rasgos típicos de principio de siglo. Un lugar de sueños, que todos los fines de semana se viste de fiesta para recibir a paseantes y a fanáticos boquenses.
Brenda Mailén Gil Gorrías

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